Saul Goodman es tan bueno porque se dedica al Derecho Penal

A estas alturas parece innecesario presentarle, Saul Goodman, el personaje de Breaking Bad que además de arreglar los problemas con la justicia de cualquier matón de tres al cuarto es un delincuente de cuello blanco de primera, puede compaginar ambas vidas porque se dedica al derecho Penal, o al menos en España así sería.

better-call-saulEn España el principio de legalidad en el ámbito Penal es especialmente estricto y no puede haber ninguna norma penal no regulada por ley orgánica. Las leyes orgánicas requieren para su aprobación, mayoría absoluta del Parlamento. Así, en cualquier proceso penal, fondo y forma están regulados en el Código Penal y en la Ley de Enjuiciamiento Criminal respectivamente.

Esto se debe al carácter especialmente sensible que tiene el Derecho Penal, por cuanto puede hacer que una persona acabe en prisión o sea castigado de alguna forma. De esta manera, lo más práctico y seguro es que cualquier persona pueda, hojeando el Código Penal, saber qué puede hacer y qué no, con total seguridad. Esto da como consecuencia que si coges ambos textos legales y te los aprendes… ¡ya sabes todo lo que hay que saber para empezar!

Aún hay más. El carácter especial del Derecho Penal también afecta a las conductas en él descritas y las convierte en exhaustivas. Esto es, para poder ser castigado debes haber realizado el acto que allí se describe, y no otro que se le parezca (principio de tipicidad). Esto da mucho juego a la hora de afrontar un juicio penal para los abogados, incluyendo la técnica de “sembrar la duda”, pues el principio de ‘in dubio pro reo’ ordena que, si un hecho no se prueba suficientemente, se debe interpretar favorablemente para el acusado.

En resumidas cuentas, el Derecho Penal es el único derecho en España en el que puedes coger un libro gordo y decir “todo está aquí” sin mentir, lo cual es beneficioso para el que lo aplica y para el que se ve afectado. Además se rige por una serie de principios muy estrictos, lo que da mucho juego a los abogados como Saúl Goodman, al que le gusta aprovechar cualquier resquicio o ventaja que pueda. Así que ya sabéis, Better call Saul! amigos

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Perdiendo la empatía

Ayer salía una noticia nada sorprendente en muchos medios (no sé si en la tele lo dirían, pero ese no es un medio de información en absoluto) y es que el Tribunal Supremo había condenado al Banco Santander a devolver el importe de un contrato de ‘suap’ suscrito con un cliente porque la información que le suministró era incomprensible para él.

Más allá de los debates de corteza que suscita esta noticia como pueden ser lo malos que son los bancos (debates que están ahí, por qué no) yo me quedo con un titular subyacente, cual es que este señor firmó con un banco (nada menos) un negocio que no entendía. No defiendo al banco ni mucho menos, y es cuestión de justicia que ese dinero se devuelva, pero ya está bien, y vamos a tomar un poco de responsabilidad para según qué asuntos y lo de firmar cosas que no sabemos ni lo que son, debería acabarse.

Todos tenemos cierta responsabilidad sobre la manipulación que estamos sufriendo y hablo a nivel individual, y esa responsabilidad hoy en día se ha acrecentado muchísimo. La respuesta al por qué de la tontuna crónica que sufre la sociedad española se da muy alegremente y focalizada “la educación de los niños”, “la música, que siempre es la misma basura enlatada”, “la televisión, con Telecinco y sus programas, Gran Hermano y el Sálvame”. Es mejor decir eso y quedarse tan ancho en lugar de pensar que hoy en día puedes poner otro canal que no sea Telecinco, con internet puedes escuchar la música que te dé la gana y todos sabemos que esforzándote en el instituto aprendes un montón. Confundiendo los síntomas con la causa.

Y así llegamos al 20D, en el que os vais a volver locos y PP, PSOE y Cs se van a repartir una cantidad indecente de votos por todas partes. ¿Y qué relación tiene una cosa con otra? Veréis:

CSHSLunWIAQgZ0mTras las elecciones europeas y todo lo que vino después, pensé que España había cambiado mucho. Pensé que realmente los que estaban arriba eran una pequeña minoría que no representaba en absoluto la forma de pensar de la gente, a la que si se le daba la oportunidad (como la que tenemos en diciembre) iba a cambiar las cosas. Pero no, tras las elecciones europeas (en las que yo voté al Partido X) los medios apoyaron a Podemos porque no les veían capaces de hacer nada y porque daban audiencia. Más tarde el poder se dio cuenta de que esta gente iba a por todo: corrupción, banca, pobreza… y habían heredado el espíritu del 15M, y eso no podía ser. Lo que vino después ya lo sabéis, la campaña del miedo y el descrédito se extendió por periódicos, radios y televisión y al mismo tiempo se presentó a Ciudadanos como ese partido “que va a arreglar el país igual que Podemos, pero que dan menos miedito y encima todavía no hemos dicho que sean Venezuela” toma ya ¡si es que lo tienen todo!… Y OS LO CREÍSTEIS

El asunto que me trae aquí es que yo no soy ningún iluminado, y todos los motivos que me traen a estas conclusiones (que para mí son casi un axioma) están al alcance de cualquiera que haya querido informarse. Y ese pensamiento me quita el sueño últimamente porque ellos son mis vecinos (en general). Es decir, ¿cuánta culpa exactamente tienen los que el siguiente 20D van a condenarnos a todos con su voto? Están manipulados, sí, pero podían haberlo evitado fácilmente.

Todos tenemos ese amigo que es un capullo pero todos dicen que “en el fondo es buena gente” ¿dónde está el límite en que esa persona pasa de ser “cabroncete buena gente” a ser un “capullo integral”? En estas, ¿dónde está el límite de la manipulación y comienza la culpa de la gente, que no ha movido un dedo?

En ese debate estoy ahora mismo, pensando si en las elecciones que se aproximan, en las que por primera vez tenemos candidatos que pueden sacarnos de esta mierda, vamos a cruzar la línea en la que a mis vecinos no les puedo considerar mis iguales, y no podré sino mirar la miseria y pensar que “tenemos lo que nos merecemos” y perder definitivamente la empatía. Siempre he estado de vuestra parte, pero si se presenta la oportunidad de derrocar una dictadura metiendo una papeleta en una urna y no lo hacéis (otros pueblos tuvieron que derramar sangre) pues qué queréis que os diga, la vida no es tan larga como para andar sufriendo por vuestras estúpidas decisiones. Pese a todo, mi voto ese día no va a cambiar y no va a ser egoísta, y tras los resultados, y la patada que me tenéis guardada, habrá que tomar una decisión.